miércoles, 30 de septiembre de 2015

EL GATO Y EL HIELO (cuento)



Había una vez un gato doméstico, tenía su espacio y se le alimentaba asiduamente, nunca le faltó alimento, ni visitas veterinarias cuando las necesitó.
El gato era independiente, pero le agradaba la compañía humana, el calorcito de las caricias… era muy mimoso y le gustaba la diversión, los arrumacos; pero el gato se sentía sólo, aislado, desplazado y acabo creyendo que no tenía ningún atractivo. Pensó que debía tener algo extraño que no gustaba y que por eso le arrinconaron con su silencio y distanciamiento. En cambio veía como al perro le prodigaban todo tipo de caricias y alabanzas. Empezó a acurrucarse muy a menudo, para poder aportarse a sí mismo algo de calorcito de su propio cuerpo, pues sentía cada vez más frío y empezaba a helarse por dentro. Primero notó mucho frío en sus extremidades y se las lamía para poder sentirlas. Así poquito a poco todo su cuerpecito fue enfriándose, sin que nadie se diera cuenta. Su pelaje terminaba con pequeñas bolitas de hielo, que con los rayos solares adquirían un bello colorido, como si de un arcoíris se tratara. De vez en cuando salía a la calle y la gente iba fijándose en ese bonito colorido de su pelaje y fue corriéndose la voz. Con el tiempo había gente que esperaba que saliera para poder ver un gato tan singular, pero eso sí tomando cierta distancia para no coger frío. Algunos le fotografiaban. Un día hasta salió una foto suya en un periódico con el titular: “Hallazgo de nuevo espécimen de gato de heladas bolitas luminosas”. Su energía era muy bella y cálida, sólo que estaba congelada, pero aun así producía belleza helada. El frío ya no era tan sólo externo, ahora invadía su ser interno y su corazón empezó a helarse y a sentir un gran frío dentro. Una gran nube de soledad le rodeaba…pero en el fondo de su corazón perduraba una semilla que tan solo quería amar, para no morir de inanición y frío se escondió en una fundita, hecha con un pedacito de una minúscula nubecita rosa, era un poco de energía amorosa que todavía estaba viva y para sobrevivir se envolvió a sí misma como un capullo y extrajo extrañas materias que aunque no eran bonitas podían protegerla y allí decidió invernar para no extinguirse. 
Un día se decidió abandonar la casa donde habitaba y se puso en marcha. No sabía hacia dónde se dirigía, pero no le importaba, iba de aquí para allí y luego más allá, sin rumbo, estaba perdido acompañado tan solo por Hielo.
Vagabundeaba por las calles. Un día se rindió, ya no luchaba contra el frío, tan solo aceptó y empezó a dialogar con  Hielo.   Hielo era muy seco y distante, pero al ver que alguien le dirigía cierta atención le desconcertó y aceptó el diálogo con cierto agrado. El gato le preguntó por qué le acompañaba día y noche..  
  -Oye hielo!  Por qué estás conmigo?
-Bueno cuando veo ausencia de calorcito, me acerco para ver si las condiciones son apropiadas para instalarme y parece que en tu caso, tan abandonado, arrinconado eran sobradamente propicias. Lo que me extraño es que en lugar de crearse estalactitas, se hayan creado bolitas heladas de bellos colores, esto es algo inusual, nunca lo había visto anteriormente. Tendré que proceder a realizar un estudio y abrir una investigación.
- Y me dejarás algún día?
- Bueno, eso ya lo verás, ahora tan sólo necesito que me mires, que no quieras alejarte de mí, quiero que a pesar del frío que sientas no me abandones, quiero que me acojas; que llegues a quererme. Si eres suficientemente valiente para quedarte conmigo, sin rehuirme llegarás a traspasarme; pero no es fácil traspasar esta sensación de distanciamiento, soledad y tanta frialdad. Muchos se quedaron en el camino, jamás lo consiguieron, tan solo intentaron huir de mí y escapar de sí mismos sin resolver el problema. Sólo si eres capaz de aceptarme podrás transformarte. Este frío esta hecho de mucho abandono, de viejas, muy viejas resistencias, si eres capaz de acompañarme, si me tiendes tu mano, si ya no me temes, cuando me sientas como una sombra que acompaña tu tristeza y seas capaz de ver que tan solo la estoy escondiendo de ti como una cortina; serás capaz de retirarla para encontrarte con la gran tristeza y dolor no reconocido que esconde tu alma. Cuando estés preparado para llorar visceralmente todo su dolor y acogerlo con toda tu compasión me fundiré con tus lágrimas y sentirás por fin la descongelación de tu alma. Sentirás que por fin te has liberado: de mordazas que otros te impusieron, de falsedades que te hicieron creer… todo caerá y sólo la VERDAD  guardada en la semilla de tu corazón te será mostrada y entonces serás como una bendición: podrás  dar de beber a todas las alma sedientas de amor.
El gato se quedó perplejo, Hielo había sido tan franco, que jamás hubiera podido imaginar recibir aquellas sabias palabras.
-Hielo, acepto tu compañía! No voy a huir de ti! Ahora comprendo tu razón de existir y agradezco tu franqueza; pero caramba! Eres tan frío!... pero me enfrentaré a miedo por tí, sí lo haré.
-Sí, soy muy frío y asusto, pero aunque no te acuerdes para esconderte de tu  dolor  creaste las condiciones necesarias para acogerme y ya ves ahora estamos juntos en esta travesía, pero yo soy la puerta para traspasar el dolor y conocer el Nuevo mundo de la Alegría.

-Tengo miedo de no poder soportar ese dolor tan intenso, ya probé tres gotas y preferí pasar frío y huir de él, era insoportable. ¿Y si no soy capaz?

- Ese dolor está hecho de negación de verdades que no han sido reconocidas por ti y quieren ser acogidas, están guardadas en la semilla de tu corazón y esperan ser redimidas por tí para sanar. Luego tu corazón se abrirá como una flor y ofrecerá toda su calidez, ya no volverás a sentir nunca más el frío, estará abierto y vacío de resentimiento: lo habrá perdonado todo, porque emanará una gran comprensión amorosa.