viernes, 26 de diciembre de 2014

EN MEDIO (poesía)





Ni aquí, ni allí…
A veces naufragando, tragando agua,
buscando tierra firme,
donde apoyar mis pies y sostenerme.

Ni abajo, ni arriba…
voy oscilando,
con movimiento pendular
cambio de dirección.

De vez en cuando en medio.
Una mano arriba, una mano abajo,
una intermediaria: en medio,
armonía aquí y allí: uniendo.




lunes, 22 de diciembre de 2014

EL GRAN RESPLANDOR (poesía)







Abandonando lo mundano:
con sus sensaciones y su espejismo,
para hallar una parcela de paz,
donde brille el sol, arda el amor,
quemando toda farsa.

El cambio está cercano:
estructura destruida por el seísmo
lo anuncia y será capaz
de poder cantar su clamor
en una canción.

El mundo celeste actuará:
como cirujano restablecerá
su luz en un haz, gran resplandor
de un nuevo orden aparecerá.
Al fin la nueva tierra!










sábado, 25 de octubre de 2014

EL DRAGÓN DE CORAZONES (Cuento)







En un lejano pueblo de oriente existe una leyenda sobre un dragón, al que llamaban ”ladrón de corazones”. Era muy temido, pues quien había sido presa de este terrorífico animal, quedaba tocado por una extraña melancolía, luego seguía una segunda fase donde el individuo para paliar ese sentimiento y no sentir dolor, se atrincheraba en sí mismo, para hacerse fuerte y lidiar con el exterior, pues el dragón había succionado toda energía amorosa dejándolo árido y seco, tan seco que había sellado su interior con una capa de hielo.

En aquel pueblo  ya quedaban pocos corazones, así que el rey decidió poner remedio a esta tremenda situación e hizo anunciar a través de un mensajero que se compensaría con grandes riquezas a quien pudiera liberarles de aquel monstruoso animal, que se estaba llevando su felicidad y estaba dejando a sus habitantes en un frío raciocinio extremadamente calculador. Algunos ya lo habían intentado sin éxito alguno.

En aquel pueblo, como es normal en otros, se celebraban bodas. Las partes implicadas estaban ilusionadas con su enlace, pues sólo deseaban llenarse de amor, pero transcurrido un determinado tiempo se daban cuenta que el otro estaba vacío y nada podía darle sino exigir amor sin medida, de forma insaciable. Estaban tan sedientos de amor, que se disfrazaban y usaban complicadas estrategias, para poder obtenerlo de su cónyuge, pero la gran frustración venía cuando todas sus artimañas fracasaban, porque el otro también estaba esperando lo mismo para llenar su gran vacío. Como es normal un vacío no podía llenar otro vacío. Se sentían subyugados, amargados, llenos de reproches y exigencias que no se cumplían. Nadie quería dar, pero todos querían tomar amor.

Un día pasó por aquel lugar un extraño ermitaño, que se presentó como sanador. Era clarividente y más que ver personas, vio almas esqueléticas que se paseaban por las calles. Aquello fue una visión escalofriante: estaban muertos por dentro. Habría que insuflarles vida con amor, pero aquello era mucho trabajo y le sobrepasaba.  ¿Cómo podría sanarlos a todos? Entonces después de darle algunas vueltas al asunto, se le ocurrió empezar por las parejas y se ofreció como consejero matrimonial; pero no funcionó. Nadie quería colaborar, el  hielo interior no les dejaba.

Habría que hallar algún nuevo remedio que fuera efectivo y al mismo tiempo desarmase al dragón. Se inscribieron muchos más candidatos con pócimas aparentemente extraordinarias. Hubo más de uno que contribuyó con alguna  brebaje de extrañas hierbas, recogidas –según se cuenta- en un bosque mágico; pero éstas sólo le producían un profundo sueño y aunque en ese estado era vulnerable la fierecilla, nadie quería acercarse para darle muerte, por miedo a que se despertara.  

Ya no acudían visitantes ni a las ferias, porque se había corrido la voz de lo que acontecía y se rumoreaba que era un viaje de ida sin vuelta. Los habitantes apenas salían de sus casas, porque estaban  aterrados. Tan solo lo hacían para ir en busca de alimentos y lo hacían con el miedo a   regresar  vacíos y fríos.

Cuando menos se lo esperaban, un día llegó a la villa una extraña niña, que llevaba en la cabeza una especie de escafandra, esos cascos que se ponen para bucear, ya habréis visto alguno. Se dice que era un habitante de otra galaxia. Desconocía la existencia del dragón. Se paseaba por las desérticas calles y aquello le pareció un pueblo abandonado. Mientras se paseaba iba recogiendo alguna que otra semilla y algún que otro fruto. Gozaba del calor del sol y de la suave brisa que levantaba sutilmente sus cabellos dorados. Iba tarareando alguna canción cuando vio en el horizonte un fuego.  Se acercó con cautela y vio al dragón bostezando, mientras éste emitía una gran bola de fuego, que lentamente salía de su boca, como una bocanada.  La niña la convirtió en una antorcha y jugaba con ella. El dragón medio somnoliento quedó asombrado: en la niña había ausencia de miedo. Quedó desconcertado. La criatura cuando se cansó de jugar, apagó la antorcha y se quedó mirándolo fijamente a los ojos. Su mirada penetró su alma y vio en ella un gran vacío causado por un gran abandono y falta de amor en su más tierna infancia. Palpó su dolor y se enterneció. Se  hizo copartícipe y en aquel momento los dos eran el mismo corazón roto.  La niña aprovechó esta oportunidad que se le brindaba y a modo de transfusión le traspaso, voluntariamente y con gran conciencia, parte de su energía amorosa, mientras se abrazaba a su lomo. El dragón empezó a llorar, jamás nadie lo había abrazado y lloró durante todo un año, sin cesar, con gran tristeza. Sus lágrimas tenían el poder de deshacer el hielo del embrujo de los corazones que había helado.

La niña  pidió a cada uno de los habitantes de corazón rescatado, que se subiera encima del lomo del dragón y lo abrazase. Y así fue, como poco a poco todos los habitantes sanados, a diario, hacían cola para darle un abrazo, ya no le tenían miedo. Poco a poco el tamaño del animal iba disminuyendo, también sus lágrimas. Finalmente cuando la niña cumplió dieciocho años, el dragón se convirtió en un hermoso príncipe. El rey,  que no tuvo hijos, los adoptó como suyos y les nombró sus sucesores. Se dice que gobernaron con gran corazón, que sus acciones siempre fueron ecuánimes y que se propago una gran felicidad entre todos sus habitantes. Todo extranjero que visitaba aquel cálido lugar era contagiado de una gran fuerza amorosa y que a su vez éste también se convertía en fuente de transmisión de amor.





FUNDIRNOS (poesía)





Es evidente que nadie
puede alcanzar la cima
sin haber estado abajo.

No hay hijo si madre.
No hay día sin noche.
No hay cielo sin tierra.

 El fuego purificador
nos eleva como vapor,
para fundirnos con la luz.




sábado, 11 de octubre de 2014

EL PALOMO Y EL PAVO REAL (cuento)






En un paraje convivían diferentes animales con cierta armonía, pero no completa, porque dos miembros de la comunidad estaban enfrentados: el palomo y el pavo real.

El palomo era muy trabajador, apenas descansaba, siempre estaba atareado. El pavo real era más bien algo perezoso, más contemplativo,   algo vanidoso al que le gustaba gozar de lo bueno que ofrece la vida: el sol, la lluvia, la brisa, un buen baño… El palomo engullido por tanta acción, trabajo, compromisos y responsabilidades no se fijaba para nada en su entorno.

Tanto el uno como el otro se menospreciaban, por tener puntos de vista tan opuestos de vivir la vida. Eran tan antagónicos que la postura del uno ofendía rápidamente a la del otro. Prácticamente no se hablaban y cuando lo hacían, solo servía para crear una fuerte discusión. Si podían se evitaban y si no se creaba tensión al verse y  sus  plumas se colocaban en vertical, al estilo erizo.

Así  fue que un día un águila, viendo al palomo algo despistado y cavilando, se percató de que era una presa fácil y fue tras él para capturarle. El palomo aunque estaba medio absorbido por sus pensamientos, se vio cosquilleado por su sexto sentido  y percibió las malas intenciones del águila que descendía para llevárselo. Con toda su fuerza empezó a gritar visceralmente pidiendo auxilio.

El pavo real que en aquellos momentos se encontraba cerca, en una fuente termal, lustrando su bello plumaje y extrayendo algún que otro piojillo, oyó sus alaridos despavoridos. Se centró y se percató de dónde procedían y se dirigió de inmediato al rescate del palomo. –Yo te auxiliaré- dijo al verle y aconsejó camuflarse tras unas plantas ostentosas de bonitas flores, ambos se acurrucaron, escondiendo sus cabecitas y el pavo real desplegó su hermosa cola, en forma de tapadera, como si formase parte del paisaje floral. Despistaron al ave rapaz, que aunque tiene fama de tener buena vista, perdió su pista y cogió otra dirección.

Cuando el peligró cesó, ambos sacaron la cabeza de debajo del ala y se miraron frente a frente, con el corazón latiendo rápido por el reciente acontecimiento y desde aquel momento estrecharon lazos de hermandad y un profundo respeto nació entre ellos.

Se corrió la voz del acto heroico del pavo real y por unanimidad todos los miembros de la comunidad acordaron condecorarle con una medalla diseñada de un precioso mineral, rodeada de unas pequeñas plumitas blancas. Le fue colgada en su cuellecito, acompañada de un buen discurso de agradecimiento. Le gustó tanto que no se la quitaba ni para tomar sus baños termales y a cada paso que daba sacaba pecho, para lucirla con más honor. Desde aquel día pasó a ser  muy admirado, no por su plumaje sino por su heroicidad.

¿Qué fue del palomo? Pues el palomo gracias a su nuevo amigo aprendió que el descanso y el saber vivir las cosas bonitas que la vida ofrece eran también cosas importantes a tener en cuenta y practicar para conseguir un sano equilibrio.

Si tuviésemos que expresar una moraleja del cuento sería esta: no debemos menospreciar a nadie, en la vida nunca se sabe de dónde procederá la ayuda, a veces viene de quien menos se espera.







jueves, 18 de septiembre de 2014

LOS ESPEJOS DISTORSIONANTES (cuento)






Una cría de ardilla nació con un gran sentido  de afirmación y valentía, ni seguía a nadie ni quería seguidores. Era un alma libre que tampoco le interesaba subyugar a nadie. Su interés estaba en compartir.

Se enfrentaba a la vida con su coraje, su sinceridad y su autenticidad frente a quien fuese necesario y, como no, firmaba con su nombre con una   rúbrica de tan sólo una línea que lo subrayaba. Si, sabía bien quién era, lo que realmente le gustaba y también lo que quería y a dónde se dirigía. La tierra se rendía a sus pies ante su fuerte sentido de determinación y su gran voluntad. Toda la naturaleza respetaba sus pasos porque su proceder era recto y ecuánime, además había ausencia de miedo, cosa poco habitual entre los seres vivos. Quien más, quien menos había sentido dentro de sí  el cosquilleo del miedo en alguna que otra ocasión. Ella tan sólo escuchaba su propia voz, que surgía del fondo de su corazón. La época dorada tan sólo duró hasta los 7 años.

Una vez pasados éstos y al cumplir los ocho, después de la celebración en el jardín y al volver a la casa familiar, tan sólo abrir la puerta vio por vez primera  los  "espejos distorsionantes”. Cada pared contenía uno y le reflejaba una imagen de sí misma algo deformada. Unos la mostraban alargada, otros bajita, otros gordita…. Al llegar a su habitación se tumbó en la cama con un gran mareo, desconcertada, aturdida y triste. En todos ellos veía algún rasgo que se le parecía, pero también reconocía que no era su imagen verdadera, y se veía rara y fea. Todas aquellas imágenes la hicieron llorar con desespero. Se acurrucó abrazada a la almohada con la ilusión de que a la mañana siguiente todo esto sólo se tratara de un mal sueño. Cuando se despertó, bajó a desayunar y se vio de nuevo en los espejos. Eran las mismas imágenes del día anterior y pronto volvió a sentirse extraña. Poco a poco aquellas imágenes le provocaban dudas, extravíos, tristezas y también el miedo se infiltró en su ser. Tanto reflejo nublaba su autenticidad y con el pasar de los años llegó a aceptar las diferentes imágenes. No se identificaba con ninguna y por eso dejó de gustarse a sí misma, por haber olvidado su imagen original. Aunque quisiera no podría recordarla, estaba guardada bajo llave y no se sabía dónde estaba escondida.

Nuestra ardilla de valiente pasó a ser sumisa, complaciente e insegura. Dejó de confiar en sí misma y creyó todo lo que venía y se decía en su entorno.

Su vida se volvió gris y se llenó de niebla, donde nada se veía con claridad. Empezó a hacer y a elegir aquello que se suponía era lo adecuado y correcto y su voz se fue apagando y con ella su fuerza.

Tuvo algunas parejas, pero esto tampoco trajo color a su vida, seguía gris.

Un día se fue a lavar ropa al río. Mientras estaba frotándola con jabón, oyó una voz que la llamaba por su nombre. Miró a su alrededor y no había nadie. -¿Quién eres? ¿Dónde estás?- exclamó- y una ranita saltó hasta su hombro.

-Tengo la llave

-¿La tienes? ¡Pues dámela!

-No puedo, es invisible a causa de la niebla, para deshacerla tienes que enfrentarte a todas las imágenes de los “espejos distorsionantes”, ver como se han formado, ver de que están hechas, quien las proyectó y esto hará que los espejos se rompan. Cuando se hayan roto todas, vuelve aquí y te entregaré la llave, que ya será visible.

La ardilla regresó a su aldea y no hizo nada de extraordinario, pero aprendió a observar con profundidad.

Transcurrieron algunos años en los que básicamente invirtió todo su tiempo en observar y escuchar en silencio y un día una vocecita en su interior le dijo: “Esas imágenes no te pertenecen, te las han impuesto y se han adherido a ti”. ¿Por qué las aceptas como si fueran tuyas? ¿Por qué te identificas con ellas?". Se quedó perpleja y empezó a tratar esas proyecciones con un cierto distanciamiento y al hacerlo así, como si no fueran con ella, poco a poco vio su auténtica procedencia y fue viendo que personas estaban detrás de esos espejos. Unas eran próximas, algunas simpatizantes, otras no… pero todas, sin saberlo, creaban sus reflejos en ella. El gran descubrimiento fue que todas las imágenes estaban teñidas por los tintes de colores de quienes las habían creado y esa era la causa de su distorsión.  Este reconocimiento hizo que se rompieran todos esos espejos que no le ofrecían la verdad.

Fue entonces cuando volvió al río al encuentro de la ranita, pero habían pasado quizás demasiados años y no estaba segura de hallarla, pero habría que intentarlo. Se acercó al río y la ranita no aparecía. Pasó largas horas esperando y cuando ya lo daba por perdido, vio que el agua le ofreció su propia imagen y por fin se reconoció a sí misma, mientras oía la voz de la ranita que le decía: "Hallaste la llave invisible y  venciste a los “espejos distorsionantes” esto te da acceso a abrir y conectar de nuevo con tu fuerza interior”.

Y así fue, la volvió a sentir y también su autenticidad, Su vida se volvió más genuina, apasionada, vibrante… pues vivía todo intensamente, como los niños. Se sentía bien interiormente y exteriormente a su alrededor el clima también cambió: desapareció la bruma y todo se podía ver con gran claridad, no habían sombras, las cosas se veían por sí mismas, tal cual eran, con toda su genuinidad. 




sábado, 30 de agosto de 2014

MENTIRAS CADUCAS (poesía)






  Fíjate bien:
la enfermedad
no está en el cuerpo,
ni tampoco la debilidad
viene de falta de alimento.
En realidad no necesitamos
ingerir  tanta cantidad,
si hemos aprendido
a manejar otro tipo
de nutrientes.


Es el dolor de tu mente
 quien las causa.
Es quien procesa y ofrece
información vieja.
Es la que te enreda
y resta energía.
Si la escuchas
y decides  creerla
proyectará en ti
sus mentiras caducas
y nublará  el  ahora.


Toma asiento en tu presente
y aprende a conducirte,
de forma liviana,
sin el peso del pasado.




sábado, 2 de agosto de 2014

CREANDO UN MUNDO DE AMOR (poesía)





 Desenvaina tu espada de amor  
y crea un mundo nuevo,  
liberando corazones  
para ser llevados al sol.  


En su seno acogidos,  
como sus hijos propios,  
sus rayos alimentarán  
en ellos nobles ideales.  


Luz protegerá de las marañas,  
  difuminará oscuridad,   
descifrando las sombras  
 creadas en la noche.




martes, 22 de julio de 2014

LA BRUJA Y EL PUCHERO (cuento)




Un niño de una pequeña aldea paseaba por sus alrededores, cuando una hermosa mujer se le acercó ofreciéndole alguna golosina. El niño tendió su mano aceptando su ofrecimiento y se la tomó. Al cabo de unos minutos el niño cayó en un profundo sueño. Cuando despertó,  no podía recordar sus orígenes  y ni tan sólo se daba cuenta de que le habían arrebatado su libre albedrío y que se había convertido únicamente en un fiel servidor de una extraña mujer que dirigía sus hilos, como una marioneta, a su antojo; ahora lo movía hacia la izquierda, ahora hacia la derecha, ahora le causaba remordimiento para atarlo en corto, ahora le gritaba por considerar que no había hecho bien las cosas. Se convirtió en su marioneta preferida y le servía y acataba sus órdenes, como nadie nunca había hecho, pues también embrujó su corazón y el niño la amaba con un gran sentimiento.  Llegó un momento que la ideología de la mujer inundó la mente del pequeño y este se sentía muy turbado, porque chocaba con la que el siempre había respetado, pero pronto esta cayó en el olvido. Así poco a poco fue convirtiéndose en un reflejo de su mentora y dueña. La bruja se sentía muy feliz de tener al lado alguien que compartiera sus mismos sentimientos y pensamientos. Se sentía acompañada, comprendida y gratificada, aquello era mejor que tener un perro.

Los animales del bosque empezaban a temerle pues veían un fiel reflejo de la bruja y sabían que debían esconderse cuando le vieran, pues temían ser apresados y ser ingredientes del puchero de la bruja.


Un día el niño apresó un pájaro, lo colocó en un pequeño saquito, pero estaba cansado y se tumbó a descansar debajo de un árbol y se adormeció. El saquito con el animalito era  sostenido con ambas manos y estaba colocado encima de  su corazón. En un momento    dado el pájaro empezó a picotear y aquel picoteo despertó su corazón y poco a poco fue recobrando su memoria y forma de pensar propia. Así fue como el niño recobró su conciencia y poco a poco también recobró su inocencia, pero ahora revestida de sabiduría, porque había trascendido el sueño.

sábado, 24 de mayo de 2014

DESCENDER Y ASCENDER (poesía)






 Descender
para ver lo básico,
para extraer esencias,
las que son vitales.

Descender
para romper cadenas,
para romper prisiones,
para ganar libertad!

Descender
para ver carencias
y aspirando a tu plenitud...

ASCENDER, ASCENDER...
Y AL FIN UNIRNOS!
  




CONTIGO ANDARÉ (poesía)





 Contigo andaré.
Andar a tu vera,
sentir tu paz,
como caricia,
de la brisa,
que sin prisa,
posa como paloma,
blanca inocencia,
en el lecho de mi ser.






AMOR ACENDRADO (poesía)




  Amor acendrado 
que naces y brotas, 
como manantial, 
en tierra virgen.

  
Ven amor! 
Ven a posarte, 
como paloma blanca,
en este corazón latente.



  


NACIDO CORAZÓN (poesía)






  Con la fuerza del otro
nacido corazón,
se abrirán nuevas sendas.

Cansina está el alma.
Tanto artificio sin fondo,
amenaza nuestra razón,
convirtiendo en leyendas
las esencias de calma
de nuestras almas,
nublando la humanidad
en estado glacial.

Esperanza abrirá el caparazón,
inundando ambas
cavidades craneales,
aportando luminosidad crucial.

Bienvenido seas
recién nacido corazón.




domingo, 30 de marzo de 2014

LLUVIA (poesía)





Lluvia y más lluvia,
gota tras gota,
minuto más minuto,
el tiempo transcurre,
en un día sombrío
en primavera,
ocultando su belleza,
tras un cielo grisáceo.
 
Invita a la melancolía,
al recogimiento:
nos lleva de la mano
a interiorizarnos,
ver que hay adentro
que nubló nuestra alegría.
 
Quizás con suerte,
encontremos la raíz,
o quizás no la hallemos
y frustrados  encojamos
los hombros por ignorarla.
 
Pero la respuesta podría ser:
el posicionamiento,
dónde colocas tu atención.
 
La verdadera alegría
no tiene opuestos.
El verdadero amor tampoco.
Surgen del centro
no del pensamiento.
 
 

martes, 4 de marzo de 2014

CORAZÓN DE ORO (poesía)




 Nació con un corazón de oro,
repleto de luz solar
y ansiaba solo amar.

Nació con un corazón de oro,
pero la soledad y frialdad
le hicieron encarcelar.

Nació con un corazón de oro,
repleto de luz solar
y ansiaba tanto amar...

QUE UN RAYO DESCENDIÓ
A SU PROFUNDIDAD MARINA
ILUMINÁNDOLA, PERMITIENDO
ASÍ LA APERTURA DE LA CORAZA:
... Y EL ORO FUE  RESCATADO.



martes, 11 de febrero de 2014

EL PEQUEÑO OLVIDO (cuento)


 
 

Una familia trasladó su residencia a otro barrio y, entre tanto ajetreo de la mudanza, el hijo pequeño quedó olvidado en el sótano de la nueva casa, entre enseres que nadie reclamaba por su antigüedad e inutilidad.

 
Lo más curioso es que nadie reclamase su presencia, ni le echasen de menos. Ponían tres platos, en lugar de cuatro y todo lo ajustaron a tres miembros familiares, parecía que todo entraba dentro de la más  absoluta normalidad.

 
Mientras la vida del pequeño transcurría en la más  plena oscuridad de aquel habitáculo, cuya única compañía eran los muebles viejos. A tientas iba familiarizándose con ellos. Se decía para sí mismo: “Ah!, tu eres una silla, pues te llamaré Sevilla –quien va a Sevilla pierde su silla. Tú eres un balancín, pues te llamaré bailarín –por tu movimiento…” y así iba ahuyentando el miedo que sentía por estar encerrado a oscuras y completamente solo.
 

Balancín era quien más le consolaba gracias a su balanceo y quien calmaba sus sollozos, cuando estos le sobrevenían.
 

A los pocos días el niño empezó a tener hambre y a encontrar en falta el habitual alimento. Se entristeció por la ausencia de comida, pero Balancín lo abrazó diciéndole: “No temas, la providencia proveerá con nuevos alimentos”, pero el niño no paraba de llorar por el hambre y también por la humedad, que ya empezaba a calar en sus pequeños huesos. Por la noche, cuando dormía acurrucado en un viejo y polvoriento sofá, un pequeño ruido le despertó y vio unas pequeñas lucecitas que apenas iluminaban un rinconcito. Se acercó y vio una fila de  doce ratoncitos. El niño exclamó:”¡Pero si hay vida animal! Benditos ratoncitos. ¿Queréis ser mis amigos?”. Los ratones se quedaron muy sorprendidos, pues ningún humano jamás les había hecho una propuesta similar. Fue entonces cuando Sevilla intervino: “no temáis amigos, es solo un pobre niño abandonado, indefenso, que está solo y busca vuestra compañía. Apiadaros de su soledad”. –Hum…! Bueno dijo mamá ratón, ¿Por qué no? Yo podría adoptarte, pero tienes un tamaño exagerado para formar parte de mi familia”. Entonces Bailarín intervino: “No te iría mal, seguro que os podrá ayudar en algunas cosas…”.  -Bueno vale, me ocuparé de él –dijo ella-. Y de este modo fue adoptado. Cada noche le traían un poco de alimento y los más pequeños jugaban con él. Este pequeño, pero importante cambio, trajo un poco de sosiego a su vida.
 

Un día todos sus amigos, de aquel extraño habitáculo, decidieron bautizarle con el nombre de Olvido. Al niño le pareció bien, pues como nadie  pronunciaba  ya su nombre original   llegó a olvidarlo.

 
El arropamiento de sus nuevos amigos hicieron, que poco a poco, sus huesos se restablecieran y formasen una capa de impermeabilidad que repeliese la humedad.
 

Los nuevos hermanos se reunían con el niño cada noche e inventaban nuevos juegos. Un día mientras gateaba para seguirles, dio con una trampilla. La abrió y vio un túnel  y del fondo se oía como una voz susurrante que le invitaba a bajar y le decía: “Si bajas tu destino cambiará, vence  tu miedo”. Los ratoncitos intentaron frenarle, pero no lo lograron y se fue tras la voz por el interior del túnel. Sus numerosos hermanos se miraron y decidieron también bajar, pues intuían que necesitaría de su ayuda y la madre que los vio también se sumó a la aventura.
 

Todos seguían una tenue luz, que se veía a lo lejos. Aquel pasadizo se veía muy confortable para ser únicamente una vía subterránea.  Sus linternitas enfocaban paredes  que estaban bellamente decoradas con minerales preciosos y también contenían bellas pinturas murales. Se quedaron muy sorprendidos, más bien aquello parecía un museo. Apreciando toda aquella belleza, iban siguiendo su trayectoria, aunque no sabían a dónde les llevaría.
 

Los ratones empezaban a preocuparse por la ausencia de alimentos, pues allí no se veía indicio de ningún almacén, ni despensa ni conducto que llevase a ninguna cocina. Anduvieron varios días y cuando ya empezaban a preocuparse en demasía,  se  oyó una voz humana. El ratón más joven se percató de un  ruido, alzaron la cabeza y vieron unos hombres en un elevador. "Debemos escondernos, que no nos vean o estamos perdidos" –dijo un ratón-. Cuando se marchen utilizaremos el elevador para ver si nos conduce al encuentro de algún alimento.  
  

Esperaron a que se marchasen y se subieron, fueron ascendiendo hasta que se paró y se bajaron.
 

Traspasaron una puerta y no daban crédito a lo que veían, frente a sus ojos se alzaban muchos sacos de alimentos: hortalizas, cereales, frutas... No pudieron contenerse y empezaron a dar saltos y bailotear, pero el niño les hizo callar, pues no era prudente  hacer ni el más mínimo ruido, sin antes confirmar que no había nadie en aquella habitación. De puntillas fueron desplazándose, hasta asegurarse de que estaban completamente solos. Entonces, ya tranquilos, comieron hasta saciarse. Viendo que en ese lugar la comida estaría asegurada generosamente, decidieron instalarse. Aquello era como un hotel de lujo, donde nada faltaba.
 

Ahora, poco a poco, tendrían que descubrir y conocer, aunque fuera de lejos, a los propietarios y habitantes que allí residían.
 

Empezaron a registrar todas las preciosas habitaciones y poco a poco, con cautela, fueron descubriendo a las personas que allí vivían. Había muchos sirvientes, quizás demasiados, para tan pocos humanos. Servían tan solo a un matrimonio que tenía una niña. Olvido enseguida se fijó en ella,  los padres la llamaban Áurea, a él le parecía una estrella, pues irradiaba una extraña luz por la cual se sentía muy atraído y quería conocerla, pero debía meditar como acercarse sin que ella  se asustara. Por el momento tan solo la observaba, según los ratones pasaba demasiadas horas mirándola y empezaban a preocuparse por su actitud ensimismada. Parecía tan ausente y tan indiferente a su compañía, que se sintieron ofendidos; pero la madre les informó, que esto podía ser normal, al fin y al cabo era una niña de su misma edad y él había perdido a su verdadera familia. De este modo sintieron cierta compasión hacia él, aunque no gozaban de su compañía como antes, pues ya no se sumaba a sus juegos.

 
Aquella niña era muy distinta a las que había conocido, era muy tranquila y sus movimientos eran lentos y armónicos. Sus actitudes y gestos eran más maduros de los que corresponderían a su edad. La admiraba, pero a la vez no se sentía a  su altura y temía dar el paso de conocerla por miedo a ser rechazado; sin embargo había una fuerza mayor en él que le impulsaba a hacerlo. Quería ser su amigo, pero le parecía una pequeña Diosa o una princesa. Era como un ser precioso que le parecía inaccesible. Cada día la observaba, no dejaba de hacerlo ni un solo día. Se sentía imantado hacia ella, sin saber exactamente por qué. Los ratones ya le daban por un caso perdido, pues solo ella tenía exclusivamente su atención. De todas formas a diario lo vigilaban y le llevaban alimento.

 
Un día apareció en uno de sus sueños y la vio a su lado silenciosa irradiando esa energía que tanto apreciaba, era como un bálsamo para su ser. Vestía de blanco, le cogió de la mano y dijo: “Es hora de elevarnos”. No sabía cómo pero en unos instantes, sin artilugio alguno, se elevaron y al poco rato flotaban entre nubes.
 

Le miró y le dijo telepáticamente, que era su forma de comunicarse: “¿Qué se siente al estar a la misma altura de las nubes? –y Olvido respondió: “Gran libertad y amplitud de miras, no hay límites”. –Exacto –respondió ella y continuó diciendo: “Sé que querías conocerme, estar a mi lado y aquí estamos los dos, ahora reposando sobre una nube de algodón, construida especialmente para nosotros. Porque lo sepas o no, eres muy especial y me han asignado tu guarda.” –Todo esto se lo dijo mirándole de frente a los ojos, mientras él recibía sus pensamientos sin mediación de ninguna palabra. –Bueno ahora  ya nos conocemos, pero al despertar ya no me verás más, solo podrás sentirme y escucharme dentro de tu corazón. Acude a mí siempre que estés desorientado, yo te podré aconsejar sabiamente, no lo dudes. Yo barreré tus dudas, tus miedos… acude a mí, porque yo soy desde hoy tu ángel  y siempre estaré contigo, en tu mismo camino de la vida, para guiarte, incluso en los momentos más difíciles,  si me llamas me encontrarás dentro de tu corazón en un sentimiento de paz y allí encontrarás mi respuesta. No dudes en buscarme también entre las nubes, pues por allí solemos pasear los ángeles cuando no se nos llama. Quédate tranquilo pues siempre te vigilaré, por si me necesitas.
 

A la mañana siguiente Olvido se despertó y notó que ya no era el mismo niño asustadizo y desamparado al que un día extraviaron en un oscuro sótano. Ahora sentía una fuerza muy grande en su interior que le elevaba y le guiaba a cada paso que daba y aunque sus verdaderos padres estaban ausentes, se sentía unido a la vida y al universo, que también velaban por él.
 

Los ratones se sintieron felices de poder volver a gozar de su atención y compañía.
 

Pasaron los días y nunca volvió a ver físicamente a la niña, ahora su ángel, pero la sentía dentro de sí y sentía su paz y se sentía feliz por ello.
 

El matrimonio que allí vivía se sentía triste porque había perdido a su hijita. Falleció repentinamente, sin aquejarse de mal alguno, justo antes de que apareciera en el sueño de Olvido.

Los días iban transcurriendo y una mañana el niño fue visto por los padres de la niña fallecida y cuando le vieron, algo en él les recordó enseguida a su hija y no tardaron en adoptarle como nuevo hijo. De este extraño modo fue como Olvido, sin dejar nunca a sus amigos ratones,  pasó a formar parte de una nueva familia que le dio mucho cariño y muy buena formación. Fue un niño muy querido y valorado. Eso sí, no les gustó su nombre y se lo cambiaron por el de Abdiel.

Nunca dejó de mirar ni un solo día el cielo y recordar a la niña que se convirtió en su ángel y a quien siempre escuchaba los consejos que le daba. Nunca jamás volvió a sentir soledad en su interior, porque ella le acompañaba día y noche dentro del espacio de su corazón.