viernes, 17 de enero de 2014

EL MUNDO SUBMARINO (cuento)


 
 

En lo más profundo del océano, vivían unos extraños seres que estaban recubiertos de una peculiar concha.  La Solena, que era una residente de un planeta muy próximo al sol, había oído hablar de estos habitantes y sentía mucha curiosidad por encontrarlos, así que se introdujo dentro de una gran burbuja de jabón para ir a su encuentro.  

Completamente desnuda adentro de la gran burbuja, que reflejaba todos los colores del arco iris,  inició el gran viaje. Flotaba en el aire: ahora a ras de la superficie, ahora bien arriba con las nubes y el viento hacía de acelerador de velocidad, empujándola hacia su nuevo destino. Con sus grandes ojos iba registrando todo lo que veía durante el viaje y se maravillaba suspirando e irradiando amor por todo cuanto percibía. Se iban acercando ya al punto de llegada y ahora debía sumergirse   en las profundas aguas marinas y así lo hizo. 

Ya en las profundidades, al ver la nueva población sintió el impulso de abrazarlos. ¡Era tanto su amor!

Le hacían gracia, aunque los veía bien diferentes de los seres oriundos de donde ella procedía. Su estructura distaba mucho de la suya. Ella iba desnuda, no había disfraz tras el cual ocultarse, su cuerpo ofrecía transparencia sólo estaba protegida por la burbuja multicolor, que le hacía de vehículo submarino. Además podía encogerla, agrandarla o estrecharla  si tenían que pasar por algún rincón angosto y era muy flexible y tan liviana que con un saltito podía llegar a tocar las nubes.

Se dio cuenta que  poco a poco un estado de somnolencia se apoderaba de su ser.  Soplaba su burbuja  para que se alzase, pero no se levantaba ni un palmo y quedó atrapada junto aquellos recién descubiertos moluscos.

Pasaron meses y también algunos años y la burbuja de Solena se iba volviendo un poco rara, más oscura, iba cogiendo nuevas características de opacidad, densidad y aquello se iba volviendo o quería volverse como una concha  moluscar. Ella misma se sentía extraña, pues no sabía nada de aquella metamorfosis que le estaba aconteciendo de forma inesperada. Tenía como una sensación de oscuridad y pesada densidad, al mismo tiempo que por vez primera empezaba a sentir frío en su cuerpo, porque el sol tardaba más tiempo en penetrar aquella nueva consistencia de la burbuja.

Sentía mucha nostalgia de la anterior liviandad transparente, de cuando llegó por primera vez a este mundo acuático. Cada vez acusaba más este estado hasta que, de tan extraño  que se le hizo, lloró amargamente.  Era un estado de cautiverio, ya no sentía su libertad, ni alegría y tenía muy poca movilidad, a la cual no estaba acostumbrada y esto aumentada su sufrimiento. La burbuja ya no podía flotar  y fue a depositarse en una roca marina.

Se tuvo que acostumbrar forzosamente a vivir dentro de la gran concha , aislada de los otros, pero residiendo a su lado y esto no puede explicarse con palabras para describir el malestar interno que le producía. Lloraba mucho, pero llegó un momento que ni las lágrimas podían consolarla. Sin embargo tenía gravada en su alma el recuerdo de la transparencia y la luz  y el calor  que el sol le ofrecía. Lo recordaba muy a menudo con gran nostalgia.

Mientras también el entorno fue rodeado con unas grandes mallas, que abrazaban a toda aquella gran familia moluscar. Era como una gran prisión y cada molusco podía representar una celda particular. Aquello era tan intolerable para ella que había sentido y vivido la libertad, que no sabía si podría resistirlo.

Pasó más tiempo, quizás algún año más pero todo parecía no mejorar todavía, pero un día cuando ya ni nostalgia le restaba, vio que la concha molecular se abría y pudo comprobar que la burbuja no había muerto sino que fabricó una bellísima perla de toda aquella baja materia fermentada, que había acumulado durante aquellos años de triste cautiverio.

Y ahora saltaba: burbuja tocando el cielo, burbuja al fondo del mar, burbuja danzando con amor, burbuja abrazando el mundo.

La burbuja se hizo muy grande para poder abrazar a todos los moluscos  y los abrigó enviándoles colores,  calor… así que pronto todos terminaron por fabricar perlas en su interior y convirtiéndose en bellas burbujas  que se alzaban hasta tocar las nubes.

 

 
 

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